Diseñar tu pausa

Introducción

Ya sabes que la pausa mínima no tiene que ser larga ni hacer desaparecer el miedo.

Ahora toca convertir esa idea en algo concreto.

No vamos a trabajar todas las situaciones a la vez. Tampoco todas las respuestas automáticas.

Empezaremos por una sola.

Cuanto más clara y pequeña sea la práctica, más fácil será aprender de ella.


Elige una respuesta automática concreta

Piensa en una respuesta que aparezca con frecuencia cuando surge el miedo.

Por ejemplo:

  • sacar el móvil;
  • llamar a alguien;
  • salir;
  • buscar una salida;
  • comprobar el pulso;
  • controlar la respiración;
  • sentarte inmediatamente;
  • detener la actividad;
  • quedarte bloqueado;
  • acercarte a una persona de apoyo.

No elijas varias a la vez.

Mejor

“Quiero trabajar el impulso de sacar el móvil.”

Demasiado amplio

“Quiero dejar de hacer todas mis conductas de seguridad.”

El objetivo no es cambiarlo todo. Es detectar un punto concreto donde pueda aparecer elección.


Elige una situación concreta

La pausa necesita un contexto claro.

Por ejemplo:

  • al entrar en una tienda;
  • durante una parada de autobús;
  • al caminar solo hasta la esquina;
  • cuando esperas en una cola;
  • al notar activación durante el ejercicio;
  • al quedarte unos minutos sin tu acompañante;
  • cuando aparece la necesidad de comprobar el pulso.

Mejor

“Cuando esté dentro del autobús y note la necesidad de sacar el móvil.”

Demasiado general

“Cuando tenga ansiedad.”

Cuanto más concreta sea la situación, más fácil será saber cuándo empieza la práctica.


Elige una pausa suficientemente pequeña

La pausa debe poder intentarse incluso cuando aparece urgencia.

Puede ser:

  • mantener la mano quieta un instante;
  • esperar una respiración natural;
  • nombrar mentalmente el impulso;
  • mirar la salida sin caminar todavía hacia ella;
  • dejar pasar unos segundos antes de llamar;
  • notar que estás a punto de comprobar el cuerpo;
  • hacer un movimiento pequeño antes de bloquearte;
  • preguntarte: “¿Qué me está pidiendo hacer el miedo?”

No es necesario medir el tiempo con exactitud.

Ejemplo

“Cuando note que quiero sacar el móvil, intentaré dejar la mano quieta durante una respiración natural.”

La pausa debe parecer pequeña.

Si al leerla piensas “esto es demasiado”, probablemente convenga reducirla.


Decide qué observarás

Durante la pausa no necesitas analizarlo todo.

Elige una sola cosa.

Puedes observar:

  • el impulso de salir;
  • la mano moviéndose hacia el móvil;
  • el pensamiento “no puedo esperar”;
  • la necesidad de pedir ayuda;
  • la mirada buscando una salida;
  • el intento de controlar la respiración;
  • la sensación de bloqueo.

Ejemplo

“Durante la pausa observaré la necesidad de sacar el móvil.”

No necesitas corregirla.

Solo reconocerla.


Decide qué opciones tendrás después

La pausa no te obliga a una única respuesta.

Después puedes elegir:

  • continuar;
  • continuar con un paso más pequeño;
  • esperar un poco más;
  • utilizar un apoyo;
  • pedir ayuda;
  • salir;
  • detener la actividad;
  • repetir otro día.

Lo importante es que conozcas las opciones antes de practicar.

Ejemplo

“Después de la pausa podré dejar el móvil guardado, sacarlo o bajar en la siguiente parada.”

Las tres opciones son válidas.

La práctica no consiste en elegir siempre la más difícil.


La fórmula completa

Puedes organizar tu práctica con esta frase:

“Cuando aparezca __________ y sienta la urgencia de __________, intentaré __________. Durante ese momento observaré __________. Después decidiré si __________, __________ o __________.”

Ejemplo completo

“Cuando esté en el autobús y sienta la urgencia de sacar el móvil, intentaré mantener la mano quieta durante una respiración natural. Durante ese momento observaré la necesidad de llamar a mi pareja. Después decidiré si dejo el móvil guardado, lo saco o bajo en la siguiente parada.”


Comprobar el tamaño de la práctica

Antes de empezar, hazte estas preguntas:

  • ¿La situación es suficientemente concreta?
  • ¿Estoy trabajando una sola respuesta automática?
  • ¿La pausa es pequeña?
  • ¿Sé qué voy a observar?
  • ¿Tengo varias opciones después?
  • ¿Puedo utilizar ayuda si la necesito?
  • ¿Sé cuándo detener la práctica?
  • ¿Lo he acordado con mi psicólogo?

Si alguna respuesta no está clara, conviene ajustar la tarea antes de practicar.


Señales de que la pausa es demasiado grande

La pausa puede necesitar reducción si:

  • ya te genera mucha presión antes de empezar;
  • parece una obligación de permanecer;
  • exige no utilizar ningún apoyo;
  • depende de esperar varios minutos;
  • sientes que debes soportar hasta que baje el miedo;
  • trabajas varias conductas al mismo tiempo;
  • no puedes explicar de forma sencilla qué vas a hacer.

Cómo reducirla

En vez de:

“No llamaré a nadie durante todo el trayecto.”

Puedes empezar por:

“Antes de llamar, miraré la pantalla y esperaré una respiración natural.”

En vez de:

“Permaneceré cinco minutos en la tienda.”

Puedes empezar por:

“Antes de caminar hacia la salida, notaré un instante la urgencia.”


No diseñes la práctica para demostrar nada

Evita objetivos como:

  • “Demostrar que puedo.”
  • “Aguantar hasta el final.”
  • “No tener miedo.”
  • “No utilizar ayuda.”
  • “Hacerlo perfecto.”
  • “Superar la crisis.”

Son objetivos que aumentan presión.

Un objetivo más útil sería:

“Intentar notar la urgencia antes de actuar.”

O:

“Conseguir algún margen, aunque sea pequeño, para decidir.”


El acuerdo con tu psicólogo

Antes de iniciar prácticas reales, tu psicólogo revisará contigo:

  • la situación elegida;
  • la respuesta automática;
  • el tamaño de la pausa;
  • qué observarás;
  • qué opciones tendrás después;
  • cuántas veces practicar;
  • qué registrar;
  • cuándo detenerte o contactar.

La tarea no queda cerrada hasta que ambos la entendáis de la misma manera.


Para quedarte con una sola idea

Una buena pausa se diseña para que puedas intentarla, no para obligarte a demostrar nada.