Ayuda útil, precaución razonable y conducta de seguridad

No toda ayuda mantiene el miedo.

No toda precaución es excesiva.

Y no todo apoyo debe retirarse.

Esta diferencia es muy importante, porque el objetivo de este módulo no es que dejes de cuidarte ni que hagas cosas imprudentes.

El objetivo es aprender a distinguir entre:

  • una ayuda realmente necesaria;
  • una precaución razonable;
  • una ayuda temporal;
  • una conducta que estás utilizando para sentir que sin ella no podrías.

No se trata de hacerte la vida más difícil

Imagina que necesitas gafas para conducir.

Usarlas no es una conducta de seguridad relacionada con el pánico. Es una ayuda necesaria para conducir de forma segura.

Imagina ahora que una persona tiene indicada una medicación concreta por su médico.

Tomarla según la pauta tampoco es una conducta de seguridad que deba retirarse en este módulo.

También puede haber situaciones en las que conviene:

  • ir acompañado por una limitación física;
  • utilizar una ayuda técnica;
  • llevar medicación prescrita;
  • evitar una actividad por indicación médica;
  • pedir asistencia ante un riesgo real;
  • adaptar una tarea a una discapacidad;
  • seguir una recomendación sanitaria.

Nada de esto debe modificarse por cuenta propia.

Primera categoría: ayuda necesaria o indicada

Una ayuda es necesaria o indicada cuando responde a una necesidad real.

Por ejemplo:

  • medicación prescrita;
  • bastón, muleta o silla de ruedas;
  • audífono;
  • gafas;
  • dispositivo médico;
  • acompañamiento indicado por una limitación funcional;
  • adaptación recomendada por un profesional;
  • apoyo ante una situación objetivamente peligrosa;
  • ayuda en una actividad que realmente no puedes realizar sin asistencia.

En estos casos, la ayuda no pretende neutralizar un miedo imaginado.

Cumple una función concreta de salud, seguridad o accesibilidad.

Estas ayudas no se retiran desde M5.

Segunda categoría: precaución razonable

Una precaución razonable es una medida proporcionada al riesgo real.

Por ejemplo:

  • llevar el móvil cuando haces una ruta larga;
  • usar cinturón de seguridad;
  • consultar la previsión del tiempo antes de una excursión;
  • saber cómo regresar a casa;
  • llevar agua si hace calor;
  • informar a alguien de un viaje;
  • comprobar una dirección antes de salir;
  • llevar la medicación prescrita que puedas necesitar.

Estas medidas no son problemáticas por sí mismas.

La diferencia aparece cuando dejan de responder a una necesidad real y empiezan a utilizarse para impedir cualquier sensación de miedo.

Por ejemplo:

“Llevo agua porque hace calor.”

es diferente de:

“Necesito beber agua en cuanto noto ansiedad, porque si no podría desmayarme.”

La conducta puede parecer la misma, pero su función es distinta.

Tercera categoría: ayuda útil y temporal

En algunos momentos, una ayuda puede facilitar que empieces a recuperar una actividad.

Por ejemplo:

  • hacer el primer trayecto acompañado;
  • entrar en una tienda con alguien;
  • llevar el móvil guardado;
  • comenzar una actividad cerca de casa;
  • elegir inicialmente un asiento cómodo;
  • saber que puedes pedir ayuda si realmente la necesitas.

Esta ayuda puede ser útil durante una etapa.

No es necesario rechazarla.

El problema aparece cuando se convierte en una condición permanente:

“Solo puedo hacerlo así.”

Una ayuda temporal debería ayudarte a avanzar hacia una autonomía mayor.

No debería convertirse en una frontera que nunca puedas cruzar.

Cuarta categoría: conducta de seguridad mantenedora

Una conducta de seguridad mantenedora aparece cuando utilizas una ayuda para evitar una catástrofe que temes, aunque no exista un peligro real que la justifique.

Suele ir acompañada de pensamientos como:

  • “Sin esto no podré.”
  • “Si no lo llevo, me pasará algo.”
  • “Necesito estar cerca de la salida.”
  • “Alguien debe estar pendiente de mí.”
  • “Tengo que comprobar mi cuerpo.”
  • “Debo controlar la respiración.”
  • “Necesito saber dónde está el hospital.”
  • “Tengo que poder escapar rápidamente.”

La conducta produce alivio.

Pero también puede reforzar la idea de que la situación era peligrosa y de que tú no eras capaz de afrontarla sin ese recurso.

La misma acción puede cambiar de categoría

Una conducta no pertenece siempre a una sola categoría.

Depende del contexto y de la función que cumpla.

Ejemplo: llevar agua

Puede ser una precaución razonable:

“Voy a caminar una hora y hace calor.”

Puede ser una ayuda temporal:

“La llevo porque estoy empezando a recuperar esta actividad, aunque intentaré no usarla para calmar el miedo.”

Puede ser una conducta de seguridad:

“Sin agua no puedo salir, porque necesito beber en cuanto noto una sensación.”

Ejemplo: ir acompañado

Puede ser una elección normal:

“Voy con mi pareja porque queremos pasar el día juntos.”

Puede ser una ayuda temporal:

“La primera vez entraré acompañado y después probaremos a separarnos durante unos minutos.”

Puede ser una conducta de seguridad:

“No puedo entrar en ningún sitio si esta persona no está pegada a mí.”

Ejemplo: usar el móvil

Puede ser algo práctico:

“Lo llevo porque lo utiliza todo el mundo.”

Puede ser una ayuda temporal:

“Lo llevaré guardado mientras practico.”

Puede ser una conducta de seguridad:

“Necesito tener una llamada preparada por si empiezo a sentir ansiedad.”

Una pregunta no siempre basta

A veces puedes pensar:

“Pero yo realmente lo necesito.”

Y puede ser difícil saber si es una necesidad real o una necesidad construida por el miedo.

Por eso no vamos a decidirlo únicamente por la intensidad de la sensación.

El miedo puede hacerte sentir una necesidad enorme, aunque el riesgo real sea muy pequeño.

Conviene analizar varias preguntas.

Preguntas para distinguirlas

1. ¿Existe una indicación médica o funcional?

Si la ayuda ha sido prescrita o recomendada por un profesional, no debes modificarla sin consultarlo.

2. ¿Existe un riesgo real y concreto?

No es lo mismo prevenir un riesgo objetivo que intentar impedir una sensación de ansiedad.

3. ¿La utilizo siempre, aunque la situación cambie?

Las conductas de seguridad suelen aplicarse de forma rígida, incluso cuando no son necesarias.

4. ¿Evito la actividad si no tengo ese apoyo?

Si la ausencia del apoyo te impide actuar, puede haberse convertido en una condición para funcionar.

5. ¿Creo que el éxito depende del apoyo?

Esta es una de las preguntas más importantes.

Después de hacer algo, ¿piensas:

“He podido hacerlo.”

o piensas:

“He podido porque llevaba esto.”

6. ¿La ayuda aumenta con el tiempo?

A veces empieza con una pequeña precaución y después necesita ampliarse:

  • más comprobaciones;
  • más cercanía del acompañante;
  • más objetos;
  • más llamadas;
  • más preparación;
  • más rutas de escape.

Cuando ocurre esto, el apoyo puede estar alimentando la sensación de incapacidad.

El criterio principal: qué aprendizaje deja

Una ayuda útil debería permitirte aprender:

“Poco a poco puedo avanzar.”

Una conducta de seguridad mantenedora suele dejar otro aprendizaje:

“He evitado el desastre gracias al apoyo.”

Esta diferencia es fundamental.

No nos interesa únicamente que completes una actividad.

También nos interesa qué explicación das a lo ocurrido.

Ejemplo completo

Imagina que quieres volver a usar el autobús.

La primera vez haces dos paradas acompañado.

Esto puede ser una ayuda temporal razonable.

Después haces el mismo trayecto y la persona espera en la parada final.

Más adelante haces el trayecto solo, pero con el móvil guardado.

Finalmente realizas el recorrido sin necesitar comprobarlo.

En este caso, el apoyo ha servido como puente.

No se ha convertido en una condición permanente.

Ahora imagina que pasan los meses y sigues sin subir si la misma persona no está sentada a tu lado.

Entonces la ayuda puede haberse convertido en dependencia.

No porque la persona sea perjudicial, sino porque tu mente ha aprendido:

“Sin ella no puedo.”

Autonomía no significa aislamiento

Reducir una conducta de seguridad no significa:

  • dejar de pedir ayuda;
  • rechazar a otras personas;
  • hacerlo todo solo;
  • no poder utilizar recursos;
  • ocultar que estás nervioso;
  • asumir riesgos;
  • demostrar fortaleza.

Autonomía significa poder elegir.

Poder ir acompañado porque quieres, no porque sientes que es la única forma posible.

Poder llevar el móvil sin necesitar vigilarlo.

Poder pedir ayuda cuando realmente la necesitas, sin tener que pedir confirmación constante para sentirte seguro.

Qué haremos en este módulo

Antes de reducir una conducta, comprobaremos:

  • qué función cumple;
  • si existe un motivo real para mantenerla;
  • si ha sido indicada por un profesional;
  • cuánto dependes de ella;
  • qué pasaría si se redujera un poco;
  • cuál sería el paso mínimo más seguro.

Solo después diseñaremos el experimento.

Cuando tengas dudas

No retires la ayuda por tu cuenta si:

  • está relacionada con una enfermedad;
  • forma parte de un tratamiento;
  • ha sido pautada por un profesional;
  • existe un riesgo real;
  • tienes una discapacidad o limitación funcional;
  • no sabes con claridad para qué la utilizas;
  • la idea de retirarla te genera dudas importantes.

En estos casos, lo adecuado es revisarlo con tu psicólogo o con el profesional sanitario correspondiente.

Idea principal de esta lección

No toda ayuda es una conducta de seguridad.

La diferencia no depende solo del objeto, de la persona o de la acción.

Depende de tres cosas:

  • si existe una necesidad real;
  • qué función cumple;
  • qué aprendizaje deja.

Una ayuda útil te permite avanzar.

Una conducta de seguridad mantenedora puede hacerte pensar que solo puedes avanzar gracias a ella.

En la siguiente lección veremos por qué estas conductas tranquilizan a corto plazo, pero pueden reducir poco a poco la confianza en tus propios recursos.