M5.0. No se trata de hacerlo todo solo

Recuperar confianza no significa que tengas que dejar de recibir ayuda.

Tampoco significa demostrar que puedes hacerlo todo sin apoyo, sin compañía o sin precauciones.

Todos necesitamos ayuda en distintos momentos. Pedirla, aceptarla o utilizarla no es un fracaso. Puede ser una forma sensata de cuidarte, organizar una actividad o hacer posible algo importante.

En esta sección no vamos a considerar automáticamente que una ayuda sea negativa.

Vamos a observar algo más concreto:

Qué función cumple ese apoyo en una situación determinada.


Un mismo apoyo puede cumplir funciones diferentes

Imagina que llevas el teléfono móvil cuando sales de casa.

El mismo teléfono puede cumplir funciones muy distintas:

  • servir para comunicarte como cualquier otro día;
  • ayudarte a organizar el trayecto;
  • permitirte pedir ayuda ante una necesidad real;
  • formar parte de una precaución razonable;
  • permanecer continuamente en tu mano para comprobar que podrías llamar;
  • utilizarse para pedir tranquilidad cada vez que aparece una sensación;
  • convertirse en la condición sin la cual sientes que no puedes salir.

El objeto es el mismo.

Lo que cambia es cómo lo utilizas, para qué lo utilizas y qué crees que ocurriría sin él.

Lo mismo puede suceder con:

  • una persona que te acompaña;
  • sentarte cerca de una salida;
  • llevar agua;
  • comprobar tu pulso;
  • controlar la respiración;
  • consultar mapas u hospitales;
  • llamar o escribir a alguien;
  • llevar una medicación;
  • distraerte para no notar determinadas sensaciones.

Por eso no podemos decidir si un apoyo es útil o problemático solamente mirando su apariencia.


Hay ayudas que conviene mantener

Algunas ayudas son necesarias, útiles o razonables.

Por ejemplo:

  • una medicación indicada por un profesional sanitario;
  • una ayuda técnica o de movilidad;
  • un acompañamiento necesario por motivos médicos;
  • una precaución relacionada con un riesgo real;
  • una adaptación por accesibilidad;
  • una ayuda práctica que permite realizar una actividad;
  • un apoyo temporal acordado dentro del tratamiento.

Estas ayudas no deben modificarse por iniciativa propia.

Cuando exista alguna duda, la indicación es sencilla:

Mantén el apoyo y revísalo con tu psicólogo o con el profesional sanitario correspondiente.

No necesitas demostrar nada retirando una ayuda que podría ser necesaria.


A veces una ayuda se vuelve demasiado rígida

También puede ocurrir que algo que comenzó ayudándote se haya convertido poco a poco en una condición que sientes como imprescindible.

Por ejemplo:

  • “Solo puedo entrar si alguien permanece a mi lado.”
  • “Necesito tener el móvil en la mano todo el tiempo.”
  • “Tengo que comprobar varias veces que hay una salida.”
  • “Necesito que alguien me confirme que no me ocurrirá nada.”
  • “Solo puedo continuar si controlo constantemente mi respiración.”
  • “Si no llevo este objeto, siento que no podré soportarlo.”

Utilizar el apoyo suele producir tranquilidad inmediata.

El problema no es ese alivio. El problema podría aparecer cuando, después de muchas repeticiones, la persona llega a una conclusión como:

“He podido hacerlo únicamente gracias al apoyo.”

Cuando esto ocurre, puede aumentar la sensación de que sin esa condición no sería posible actuar.

No significa que seas débil ni dependiente. Significa que se ha formado un hábito de seguridad que conviene comprender antes de decidir qué hacer.


Autonomía no significa aislamiento

Ser más autónomo no consiste en prescindir de todas las personas, objetos o recursos.

Autonomía significa disponer de más posibilidades.

Por ejemplo:

  • poder pedir ayuda cuando realmente la necesitas;
  • poder aceptar compañía sin sentir que es la única forma posible;
  • poder llevar el móvil sin tener que comprobarlo continuamente;
  • poder elegir entre utilizar un apoyo, retrasarlo o mantenerlo disponible;
  • poder comunicarte con tu entorno sin necesitar confirmación constante;
  • reconocer cuándo una precaución es razonable y cuándo el miedo está imponiendo una regla rígida.

La confianza propia no exige rechazar la confianza en los demás.

El objetivo es que la ayuda sea un recurso disponible, no una prisión.


En esta sección no retiraremos apoyos de forma general

Cuando se considere útil trabajar con un apoyo concreto, el cambio deberá cumplir varias condiciones:

  • habremos explorado primero qué función cumple;
  • no existirá una necesidad médica, funcional o de seguridad que obligue a mantenerlo;
  • el cambio será pequeño;
  • se centrará en una sola conducta o dimensión;
  • estará acordado con tu psicólogo;
  • no será una prueba de valentía;
  • podrás detenerlo o recuperar el apoyo cuando esté previsto;
  • revisaremos lo ocurrido antes de ampliar el paso.

A veces el primer trabajo no consistirá en cambiar nada.

Puede consistir únicamente en observar:

  • cuándo aparece la necesidad del apoyo;
  • qué temes que ocurra;
  • qué haces exactamente;
  • cuánto alivio produce;
  • qué conclusión extraes después;
  • si el apoyo amplía tus posibilidades o se ha convertido en una condición obligatoria.

Observar con claridad ya es una forma de avanzar.


El miedo no decidirá por sí solo el resultado

Puedes realizar una acción sintiendo bastante miedo.

También puedes sentir poco miedo y haber utilizado el apoyo de una forma muy rígida.

Por eso no evaluaremos una práctica solamente preguntando:

“¿Cuánto miedo sentiste?”

También observaremos:

  • qué parte de la acción estuvo disponible;
  • qué pudiste elegir;
  • cómo utilizaste el apoyo;
  • si el cambio fue proporcionado;
  • si apareció otra forma de buscar seguridad;
  • a qué atribuyes lo que conseguiste;
  • qué información puede ayudarnos a diseñar el siguiente paso.

Sentir miedo no convierte una práctica en un fracaso.

Necesitar recuperar un apoyo tampoco borra todo lo ocurrido.


Un ejemplo

Imagina que has empezado a viajar dos paradas en autobús acompañado por tu pareja.

No concluiremos automáticamente que tu pareja es una conducta de seguridad y que debes viajar solo.

Primero habrá que comprender:

  • si el acompañamiento es necesario;
  • qué hace exactamente tu pareja;
  • qué le pides cuando aparece el miedo;
  • si su presencia facilita el trayecto o se ha convertido en una condición obligatoria;
  • qué parte del viaje ya puedes realizar;
  • qué pequeño cambio podría ser seguro y útil.

Tal vez el siguiente paso sea que tu pareja se siente en otro asiento.

Tal vez sea intentar no pedir confirmación durante una parada.

Tal vez sea viajar juntos exactamente igual y limitarse a observar qué ocurre.

Tal vez todavía no convenga cambiar nada.

La decisión dependerá de tu situación concreta.


Antes de continuar

Recuerda estas cinco ideas:

  1. No toda ayuda es una conducta de seguridad.
  2. Recuperar confianza no significa hacerlo todo solo.
  3. Las ayudas médicas, funcionales o necesarias no se modifican desde este módulo.
  4. Cualquier cambio debe ser pequeño, acordado y seguro.
  5. El objetivo es ampliar tus posibilidades de elección, no superar una prueba.

Idea central

No buscamos eliminar ayudas. Buscamos que puedas distinguir cuáles necesitas, cuáles eliges y cuáles podrían haberse vuelto demasiado rígidas.

En el siguiente contenido aprenderás a observar con más precisión qué función cumple un apoyo concreto.