Qué son las conductas de seguridad
5.1. Qué son las conductas de seguridad
Una conducta de seguridad es algo que haces para intentar evitar que ocurra aquello que temes.
A veces es una acción muy visible.
Otras veces es algo pequeño, casi automático, que solo tú sabes que haces.
Puede ser:
- llevar siempre un objeto concreto;
- comprobar una y otra vez cómo está tu cuerpo;
- colocarte cerca de una salida;
- llamar a alguien antes de entrar en un lugar;
- controlar la respiración;
- evitar alejarte demasiado;
- buscar información médica;
- preparar una vía de escape;
- pedir que alguien te tranquilice;
- distraerte para no notar las sensaciones.
Muchas de estas conductas parecen ayudarte.
Y, de hecho, pueden aliviarte durante unos minutos.
El problema aparece cuando empiezas a creer que solo puedes afrontar una situación gracias a ellas.
La función es más importante que la conducta
Una misma acción puede ser normal en una situación y convertirse en conducta de seguridad en otra.
Por ejemplo, llevar el móvil es algo habitual.
Pero puede funcionar de dos maneras diferentes.
Uso normal
“Llevo el móvil porque puedo necesitar llamar, consultar una dirección o recibir un mensaje.”
Uso como conducta de seguridad
“Necesito llevar el móvil preparado porque, si noto algo, tendré que llamar inmediatamente para que alguien me rescate.”
El móvil es el mismo.
Lo que cambia es la función que cumple.
Por eso, para reconocer una conducta de seguridad no basta con preguntar:
“¿Qué hago?”
También conviene preguntar:
“¿Para qué lo hago?”
Conductas de seguridad antes de la situación
Algunas aparecen antes de empezar.
Su función es intentar garantizar que nada malo ocurra.
Por ejemplo:
- mirar dónde están las salidas;
- comprobar que llevas agua;
- asegurarte de que el móvil tiene batería;
- preguntar cuánto durará la actividad;
- buscar dónde está el hospital más cercano;
- revisar varias veces el trayecto;
- pedir a alguien que esté disponible;
- tomar medicación no pautada por prevención;
- decidir de antemano cómo escapar.
Estas conductas pueden hacerte sentir que tienes todo controlado.
Pero también pueden transmitir a tu mente un mensaje:
“Esta situación es tan peligrosa que debo prepararme mucho antes de entrar.”
Conductas de seguridad durante la situación
Otras aparecen cuando ya estás dentro.
Por ejemplo:
- controlar la respiración;
- tocarte el pulso;
- sentarte junto a la puerta;
- vigilar constantemente tus sensaciones;
- beber agua para cortar el miedo;
- mirar repetidamente el móvil;
- escribir a alguien;
- preguntar si todo está bien;
- mantener el coche o una salida muy cerca;
- repetir frases para intentar impedir que aparezca el pánico.
El objetivo de estas acciones suele ser bajar el miedo o evitar perder el control.
El alivio puede aparecer.
Pero la mente puede interpretar:
“He podido porque he controlado todo.”
Conductas de seguridad después de la situación
También existen conductas de seguridad que aparecen después.
Por ejemplo:
- analizar durante mucho tiempo lo que sentiste;
- comprobar si los síntomas eran peligrosos;
- preguntar a varias personas si lo ocurrido fue normal;
- buscar información en internet;
- revisar cuánto duró el miedo;
- comprobar si el corazón sigue acelerado;
- repasar mentalmente qué hiciste para evitar que fuera peor.
Estas conductas intentan confirmar que ya estás a salvo.
Sin embargo, pueden mantenerte pendiente del miedo incluso cuando la situación ya ha terminado.
Conductas visibles e invisibles
Algunas conductas de seguridad son fáciles de observar.
Por ejemplo:
- ir acompañado;
- llevar una botella de agua;
- sentarte junto a la salida;
- llamar a alguien.
Otras son invisibles para los demás.
Por ejemplo:
- controlar el ritmo de la respiración;
- vigilar el corazón;
- repetir mentalmente una frase;
- distraerte para no sentir;
- calcular cuánto falta para poder salir;
- pensar constantemente en una vía de escape;
- imaginar que alguien vendrá a ayudarte.
Las conductas invisibles pueden pasar desapercibidas, pero también pueden tener mucho peso.
Cuándo una ayuda empieza a convertirse en una seguridad
Puedes hacerte estas preguntas:
- ¿Creo que sin esto no podría afrontar la situación?
- ¿Lo preparo siempre antes de empezar?
- ¿Me pongo muy nervioso si no lo tengo?
- ¿Lo utilizo para impedir que aparezca el miedo?
- ¿Atribuyo el éxito al apoyo y no a mí?
- ¿Cada vez necesito usarlo más?
- ¿Evito situaciones cuando no está disponible?
- ¿Lo uso incluso cuando no existe un peligro real?
Cuantas más respuestas afirmativas aparezcan, más probable es que esa ayuda esté funcionando como una conducta de seguridad.
Ejemplo: el acompañante
Imagina que quieres entrar en una tienda.
Puedes hacerlo con alguien porque os apetece ir juntos.
En ese caso, la compañía forma parte de una actividad normal.
Pero también puedes pensar:
“No puedo entrar si esta persona no está conmigo.”
Entonces, la presencia del acompañante cumple otra función.
Ya no es solo compañía.
Se convierte en una condición necesaria para entrar.
El miedo puede concluir:
“Yo solo no podría.”
Ejemplo: controlar la respiración
Respirar de forma tranquila no es un problema.
Pero puede convertirse en conducta de seguridad si estás pendiente de cada respiración para impedir que aparezca el pánico.
Por ejemplo:
“Tengo que respirar perfectamente porque, si no lo hago, perderé el control.”
En ese momento, la respiración deja de ser una función automática y se convierte en algo que debes vigilar.
Y cuanto más la vigilas, más fácil es que notes cualquier pequeño cambio.
Ejemplo: buscar una salida
Saber por dónde se sale de un lugar es normal.
Pero vigilar constantemente la salida puede transmitir otro mensaje:
“Tengo que estar preparado para escapar.”
Entonces, aunque permanezcas en la situación, una parte de ti sigue estando fuera.
No estás viviendo completamente la experiencia.
Estás preparándote para huir.
No es necesario eliminar todo
Reconocer una conducta de seguridad no significa que tengas que retirarla inmediatamente.
Primero la observaremos.
Después valoraremos:
- si es realmente necesaria;
- qué función cumple;
- cuánto dependes de ella;
- qué miedo aparece si la reduces;
- cuál sería el cambio más pequeño posible.
El objetivo es comprender antes de actuar.
Una pregunta útil
Cuando tengas dudas, prueba a preguntarte:
“¿Estoy usando esto porque lo necesito de verdad o porque temo que, sin ello, no podré soportar lo que ocurra?”
No siempre tendrás una respuesta clara.
No pasa nada.
La finalidad no es juzgarte, sino empezar a entender mejor cómo funciona el miedo.
Idea principal de esta lección
Una conducta de seguridad no se define solo por lo que haces.
Se define por la función que cumple.
Algo se convierte en conducta de seguridad cuando parece decirte:
“Sin esto no podrías.”
En las próximas lecciones aprenderás a diferenciar entre una ayuda útil, una precaución razonable y una conducta que puede estar manteniendo tu dependencia del miedo.
