S6.2. La pausa mínima

No necesitas detenerlo todo

Cuando una respuesta aparece muy deprisa, puede parecer que solo existen dos posibilidades:

  • actuar automáticamente;
  • o contenerte durante mucho tiempo.

S6 propone una tercera opción:

interrumpir la secuencia durante un instante suficientemente pequeño como para poder observar qué está ocurriendo.

A esto lo llamaremos pausa mínima.

No es una pausa larga.
No es una prueba de resistencia.
No es esperar hasta sentirte seguro.
No es obligarte a permanecer.

Es solo un pequeño corte en la secuencia automática.


Qué intenta cambiar la pausa

Sin pausa, el circuito puede funcionar así:

aparece la alarma → surge la urgencia → respondes casi sin margen.

Con una pausa mínima intentamos introducir:

aparece la alarma → notas la urgencia → interrumpes un instante → observas → eliges qué hacer.

La conducta final puede ser la misma:

  • salir;
  • llamar;
  • utilizar un apoyo;
  • sentarte;
  • continuar;
  • reducir el paso;
  • pedir ayuda.

La diferencia está en lo que ocurre antes.


Una pausa pequeña puede ser suficiente

La pausa no necesita durar varios segundos.

En algunos casos puede consistir en:

  • mantener la mano quieta un instante antes de coger el móvil;
  • detener brevemente el primer paso hacia la salida;
  • no iniciar de inmediato una comprobación;
  • notar el impulso antes de acercarte a alguien;
  • permanecer un momento en la posición en la que estás, siempre que sea seguro;
  • observar el inicio de la respuesta antes de ejecutarla.

La pausa debe ser tan pequeña que puedas reconocerla sin convertirla en una tarea pesada.


La pausa no consiste en esperar a que baje el miedo

Durante la pausa puede ocurrir que el miedo:

  • aumente;
  • disminuya;
  • se mantenga igual;
  • cambie de forma;
  • resulte difícil de valorar.

Nada de esto determina por sí solo si la práctica ha sido útil.

La pausa no termina cuando desaparece el miedo.

Termina cuando se cumple su función mínima:

permitirte notar qué respuesta está a punto de ponerse en marcha.

Después podrás decidir qué hacer.


La pausa tampoco es aguantar

Aguantar suele implicar pensamientos como:

  • “Tengo que resistir.”
  • “No puedo salir.”
  • “Debo demostrar que soy capaz.”
  • “Tengo que quedarme hasta que pase.”
  • “Si me voy, habré fracasado.”

La pausa mínima no contiene ninguna de estas obligaciones.

No busca que permanezcas más tiempo del acordado.

Tampoco convierte la salida, el apoyo o la reducción del paso en un fracaso.


La pausa no debe convertirse en bloqueo

Puede ocurrir que, al intentar detener la respuesta, te quedes esperando sin saber qué hacer.

La pausa empieza a parecerse a un bloqueo cuando:

  • esperas hasta sentirte seguro;
  • no puedes actuar hasta completar algo;
  • te quedas inmóvil indefinidamente;
  • necesitas que el miedo baje;
  • esperas una certeza total;
  • sientes que cualquier decisión sería peligrosa.

En ese caso, la pausa ha dejado de abrir elección.

Una pausa útil

“Me detengo un instante, noto la urgencia y decido.”

Un bloqueo

“No puedo hacer nada hasta estar seguro.”

Si aparece bloqueo, no necesitas prolongarlo.

La práctica deberá revisarse.


No tienes que contar exactamente

En ocasiones puede utilizarse una referencia aproximada para hacer la pausa breve.

Pero no necesitas:

  • contar siempre hasta la misma cifra;
  • llegar exactamente al final;
  • empezar de nuevo si te equivocas;
  • repetir la cuenta;
  • comprobar que ha durado lo suficiente.

Una cuenta rígida puede convertir la pausa en una obligación.

La pausa debe poder variar.

Unas veces será casi instantánea.
Otras veces durará un poco más.
Incluso puede no llegar a iniciarse.


No sustituyas una cuenta por otro ritual

También una frase, un gesto o una mirada pueden volverse rígidos.

Por ejemplo:

  • repetir una frase exacta;
  • tocar un objeto varias veces;
  • mirar siempre el mismo punto;
  • hacer un movimiento hasta sentir seguridad;
  • repetir una secuencia mental.

El problema no está en la forma concreta.

Está en que empiece a sentirse:

  • obligatoria;
  • exacta;
  • protectora;
  • necesaria para poder actuar.

Por eso cualquier señal utilizada deberá ser simple, flexible y revisada con tu psicólogo.


Una pausa parcial no demuestra una elección completa

Puede ocurrir que:

  1. notes la urgencia;
  2. consigas detenerte un instante;
  3. realices después la respuesta habitual.

Esto puede aportar información útil.

Pero no significa automáticamente que hayas elegido con libertad.

Conviene observar:

  • si la respuesta seguía sintiéndose inevitable;
  • si apareció alguna alternativa;
  • si hubo tiempo real para decidir;
  • qué función cumplió la conducta final.

Puede existir una interrupción mínima y mantenerse bastante automaticidad.


Cuando la respuesta ya ha empezado

No siempre detectarás la urgencia antes de actuar.

A veces te darás cuenta:

  • mientras ya estás cogiendo el móvil;
  • cuando has empezado a caminar;
  • al iniciar la comprobación;
  • después de pedir ayuda;
  • cuando ya estás saliendo.

En esos casos, no necesitas fingir que realizaste una pausa completa.

Puedes distinguir:

La respuesta ocurrió antes de poder intentarlo

Te das cuenta después.

Detectaste la respuesta mientras empezaba

Existe conciencia durante la acción.

Hubo una interrupción mínima

Consigues detenerla un instante.

Apareció alguna opción

Puedes considerar qué hacer después.

Estas diferencias ayudan a comprender el proceso sin juzgarlo.


Qué observar durante la pausa

Durante la pausa no necesitas analizarlo todo.

No hace falta comprobar:

  • el pulso;
  • la respiración;
  • el mareo;
  • la tensión;
  • cada pensamiento;
  • si el miedo está subiendo o bajando.

Basta con observar una cuestión:

¿Qué me está empujando a hacer la urgencia?

También puedes formularlo de otras maneras:

  • “¿Qué respuesta está empezando?”
  • “¿Qué estoy a punto de hacer?”
  • “¿Qué parece urgente ahora?”

No tienes que encontrar una respuesta perfecta.

Puede bastar con notar:

  • salir;
  • llamar;
  • comprobar;
  • acercarme;
  • quedarme quieto;
  • interrumpir;
  • pedir confirmación.

Qué puede ocurrir después de la pausa

Después pueden darse distintos resultados.

1. La respuesta ocurre casi igual

La automaticidad sigue siendo alta.

2. La respuesta ocurre, pero con algo de margen

Puede haber un cambio inicial.

3. Reduces o modificas el paso

Por ejemplo, en lugar de salir inmediatamente, te acercas a un lugar acordado o reduces la actividad.

4. Eliges utilizar un apoyo

Puede existir cierta elección, aunque habrá que revisar si el apoyo seguía siendo imprescindible.

5. Eliges salir o detenerte

Puede ser una decisión válida, siempre que se valore el margen real y la función.

6. Continúas

No porque estés obligado, sino porque esa opción parece disponible.

Ningún resultado debe interpretarse automáticamente como éxito o fracaso.


La pausa solo se practica en situaciones acordadas

No debes improvisarla en cualquier situación.

No se utiliza:

  • mientras conduces;
  • al manejar maquinaria;
  • en alturas;
  • en situaciones de equilibrio;
  • ante peligro real;
  • ante una posible urgencia médica;
  • cuando una tarea exige respuesta inmediata;
  • cuando retrasar una actuación puede ser perjudicial.

La práctica se limita a situaciones previamente seleccionadas, seguras y proporcionadas.


No provoques una crisis para practicar

No necesitas crear una situación difícil.

La oportunidad debe aparecer de forma natural o formar parte de una actividad acordada.

No debes:

  • aumentar deliberadamente sensaciones;
  • buscar una situación peligrosa;
  • dejar ayudas necesarias;
  • entrar en un contexto para el que no estás preparado;
  • repetir una situación solo para comprobar;
  • practicar varias veces dentro del mismo episodio.

Una oportunidad natural puede ser suficiente.


No modifiques todavía la pausa por tu cuenta

Después de una práctica puede parecerte que necesitas:

  • hacerla más larga;
  • hacerla más corta;
  • cambiar de señal;
  • practicar más veces;
  • eliminar un apoyo;
  • elegir una situación más difícil.

No tomes estas decisiones inmediatamente.

Una sola práctica no siempre permite saber qué conviene cambiar.

Primero registraremos lo ocurrido y revisaremos el conjunto con tu psicólogo.


Un ejemplo

Imagina que notas palpitaciones mientras esperas en una cola y aparece el impulso de salir.

Sin pausa

notas las palpitaciones → miras la salida → abandonas la cola.

Con pausa mínima

notas el impulso de salir → detienes un instante el primer movimiento → observas “quiero salir” → decides.

Después puedes:

  • continuar esperando;
  • cambiar de posición;
  • pedir ayuda;
  • salir;
  • realizar un paso más pequeño previamente acordado.

La pausa no determina qué opción debes escoger.

Solo intenta evitar que la respuesta ocurra completamente antes de que puedas darte cuenta.


Qué puede considerarse una primera señal de cambio

Puede haber una primera señal de cambio cuando:

  • detectas antes el impulso;
  • notas la respuesta mientras empieza;
  • consigues interrumpirla un instante;
  • aparece una alternativa;
  • la urgencia deja de sentirse completamente inevitable.

Una sola señal no demuestra que el cambio esté consolidado.

Pero puede aportar información útil para decidir el siguiente paso.


Para quedarte con una sola idea

La pausa mínima no busca detener el miedo. Busca interrumpir durante un instante la respuesta automática para que pueda aparecer alguna posibilidad de elección.