Elegir después de la pausa

Introducción

La pausa mínima no termina la situación.

Solo abre un pequeño espacio para que puedas decidir qué hacer después.

Ese momento es importante porque el miedo suele presentarte una sola opción:

  • salir;
  • llamar;
  • comprobar;
  • detenerte;
  • buscar ayuda;
  • utilizar un apoyo.

Pero después de la pausa pueden existir varias posibilidades.

No tienes que elegir siempre la más difícil.

La finalidad es que la respuesta sea más consciente, más ajustada y menos automática.


Continuar con la acción prevista

Después de la pausa puedes decidir continuar.

Por ejemplo:

  • seguir caminando;
  • permanecer un poco más;
  • continuar el trayecto;
  • terminar una pequeña tarea;
  • dejar el móvil guardado;
  • mantenerte en la cola;
  • seguir con una conversación;
  • continuar una actividad física ya iniciada.

Continuar puede ser una elección útil cuando notas que el paso sigue siendo asumible.

Ejemplo

Estás en el autobús y aparece la urgencia de sacar el móvil.

Haces una pausa breve.

Después decides:

“Voy a continuar una parada más con el móvil guardado.”

No significa que debas terminar todo el trayecto.

Has elegido un siguiente paso concreto.


Hacer una versión más pequeña

A veces continuar exactamente como estaba previsto puede ser demasiado.

En ese caso, puedes reducir el tamaño del paso.

Por ejemplo:

  • hacer una parada en vez de tres;
  • entrar dos minutos en vez de diez;
  • caminar hasta la esquina en vez de completar todo el recorrido;
  • permanecer acompañado;
  • acercarte a la salida sin abandonar inmediatamente;
  • continuar una parte de la actividad;
  • guardar el móvil durante un tiempo más breve.

Reducir el paso no equivale a rendirse.

Puede ser una forma inteligente de conservar el aprendizaje sin convertir la práctica en una lucha.

Ejemplo

Tu objetivo era permanecer cinco minutos en una tienda.

Después de la pausa decides:

“Voy a quedarme un minuto más y después saldré.”

Has ajustado el paso en vez de abandonarlo automáticamente.


Utilizar un apoyo de forma deliberada

Después de la pausa puedes decidir utilizar un apoyo.

Por ejemplo:

  • sacar el móvil;
  • llamar a alguien;
  • acercarte a tu acompañante;
  • sentarte;
  • beber agua;
  • pedir que alguien permanezca cerca;
  • utilizar una ayuda indicada.

La diferencia importante no está solo en si utilizas o no el apoyo.

También importa cómo llegaste a utilizarlo.

Uso automático

“Noté miedo y saqué el móvil inmediatamente.”

Uso deliberado

“Noté la urgencia, hice la pausa acordada y decidí sacar el móvil.”

La conducta final puede parecer igual, pero el proceso es diferente.

En el segundo caso ha aparecido un margen de elección.


Pedir ayuda también puede ser una elección

Pedir ayuda no es necesariamente una conducta de seguridad disfuncional.

A veces es una decisión adecuada.

Puede ser útil cuando:

  • existe una necesidad real;
  • la situación ha superado el paso acordado;
  • necesitas comunicar una dificultad;
  • aparece una señal médica o emocional;
  • el apoyo forma parte del plan terapéutico;
  • decides utilizarlo de forma consciente.

El objetivo no es conseguir que nunca pidas ayuda.

El objetivo es distinguir entre:

“Tengo que pedir ayuda inmediatamente porque no puedo hacer otra cosa”

y

“He observado lo que ocurre y decido pedir ayuda.”


Salir también puede ser una decisión

Salir de una situación no siempre significa escapar automáticamente.

Puede ser una decisión deliberada.

Escape automático

“Sentí miedo y salí antes de darme cuenta.”

Salida deliberada

“Sentí miedo, hice una pausa breve, observé la urgencia y decidí salir.”

La diferencia puede parecer pequeña, pero es clínicamente importante.

En la segunda situación has empezado a intervenir sobre el mecanismo que mantiene el problema: la respuesta ya no ha ocurrido completamente fuera de tu elección.

Salir deliberadamente puede ser adecuado cuando:

  • has alcanzado el límite acordado;
  • la situación es demasiado grande;
  • necesitas ajustar la práctica;
  • aparece una señal de seguridad;
  • decides continuar otro día;
  • el objetivo de la práctica ya se ha cumplido.

No existe una opción correcta para todas las ocasiones

La misma persona puede tomar decisiones diferentes en situaciones parecidas.

Un día puede continuar.

Otro día puede reducir el paso.

En otra ocasión puede utilizar un apoyo.

Y en otra puede decidir salir.

Eso no significa incoherencia.

Significa que estás aprendiendo a responder de forma flexible.

La flexibilidad es más importante que elegir siempre la opción más difícil.


La opción más difícil no siempre es la más terapéutica

Podrías pensar:

  • “Si continúo, lo estoy haciendo bien.”
  • “Si salgo, he fallado.”
  • “Si uso ayuda, retrocedo.”
  • “Tengo que escoger siempre la opción más valiente.”

Pero una decisión demasiado exigente puede aumentar:

  • presión;
  • control;
  • miedo al fracaso;
  • bloqueo;
  • abandono de la práctica.

La mejor decisión es la que mantiene el aprendizaje sin convertirlo en una prueba.

Ejemplo

Si después de la pausa eliges permanecer diez minutos aunque el paso acordado era uno, quizá estés convirtiendo la práctica en una lucha.

En cambio, mantener el minuto acordado y salir después puede ser una respuesta más coherente.


Cómo saber si la decisión fue deliberada

No necesitas estar completamente tranquilo para decidir.

Una elección puede seguir siendo deliberada aunque tengas miedo.

Puedes preguntarte:

  • ¿Noté la urgencia antes de actuar?
  • ¿Hubo algún instante en que pude observarla?
  • ¿Consideré más de una opción?
  • ¿Elegí una respuesta concreta?
  • ¿Sabía por qué estaba haciendo eso?
  • ¿La acción fue inmediata o apareció algún margen?

No es necesario responder afirmativamente a todo.

Incluso notar una sola diferencia ya puede ser útil.


Ejemplos completos

Ejemplo 1. Continuar

Noto mareo en una tienda. Aparece la necesidad de salir. Hago una pausa breve y decido permanecer hasta terminar de pagar.

Ejemplo 2. Reducir el paso

Aparece miedo durante un trayecto de tres paradas. Hago la pausa y decido bajar en la siguiente, en vez de abandonar inmediatamente.

Ejemplo 3. Utilizar apoyo

Noto activación mientras camino solo. Hago la pausa y decido llamar a mi pareja.

Ejemplo 4. Salir

Estoy en una sala llena. Noto mucha urgencia. Hago la pausa acordada y decido salir para revisar la práctica con mi psicólogo.

En los cuatro ejemplos existe un elemento común:

la respuesta aparece después de un pequeño momento de observación y elección.


Qué registrar después

Después de la práctica conviene registrar:

  • qué situación ocurrió;
  • qué urgencia apareció;
  • si pudiste iniciar la pausa;
  • qué observaste;
  • qué opciones consideraste;
  • qué decidiste;
  • cuánto margen de elección sentiste;
  • qué aprendiste.

No se registra para juzgar la decisión.

Se registra para comprender cómo está cambiando el proceso.


La idea principal

El objetivo de M6 no es que elijas siempre continuar.

Tampoco que nunca utilices ayuda o que nunca salgas.

El objetivo es que el miedo deje de decidir automáticamente por ti.

Puede haber progreso cuando:

  • continúas;
  • reduces el paso;
  • utilizas apoyo;
  • pides ayuda;
  • sales;

si antes de actuar ha aparecido algún margen de elección.


Para quedarte con una sola idea

La elección no se mide por quedarte o marcharte, sino por si la respuesta deja de ser completamente automática.