M4.AJ4. Cuando la microacción no sale como estaba prevista

Una microacción puede terminar de muchas maneras.

Quizá:

  • la completaste;
  • realizaste solo una parte;
  • empezaste y volviste antes;
  • la modificaste;
  • no pudiste iniciarla;
  • apareció un problema real;
  • o sucedió algo distinto de lo que habías imaginado.

Cuando no ocurre exactamente lo previsto, puede aparecer rápidamente una conclusión:

“No he podido.”

Pero esa frase reúne muchas situaciones diferentes.

Antes de sacar una conclusión, necesitamos mirar qué ocurrió realmente.


No completar no significa no haber hecho nada

Imagina que habías acordado caminar cinco minutos y caminaste dos.

Puedes pensar:

“Solo hice dos.”

Pero también sabemos que:

  • saliste;
  • iniciaste la acción;
  • recorriste una parte;
  • apareció una dificultad en un momento concreto;
  • tomaste alguna decisión;
  • y ahora tenemos información para ajustar.

Esto no significa que la práctica haya sido necesariamente suficiente.

Significa que no podemos reducirla a “pude” o “no pude”.


Primero describe, después interpreta

En lugar de:

“Fue un desastre.”

puedes describir:

“Salí de casa, caminé hasta la mitad del recorrido y volví cuando apareció una sensación concreta.”

En lugar de:

“No soy capaz.”

puedes registrar:

“No llegué a iniciar la acción. Cuando me preparaba para salir empecé a comprobar la respiración y decidí aplazarla.”

La descripción permite revisar.

La conclusión global cierra demasiado pronto la posibilidad de entender.


Diferentes maneras de terminar antes

Ajuste deliberado

“La tienda estaba mucho más llena de lo previsto y decidí realizar una parte más pequeña.”

Puede haber existido una decisión consciente.

Escape automático

“En cuanto noté el corazón más rápido, salí sin pensar.”

Aquí la salida aparece como respuesta inmediata al miedo.

Riesgo real

“Empezó una tormenta fuerte y el trayecto dejó de ser seguro.”

Detenerse fue una decisión razonable.

Problema logístico

“El autobús no pasó.”

La acción no se realizó, pero no por una dificultad clínica.

Instrucción poco clara

“No sabía exactamente dónde debía terminar el recorrido.”

Conviene aclarar la tarea.

Aunque el resultado exterior sea parecido, la función es diferente.


No intentes compensarlo inmediatamente

Después de una acción incompleta puede aparecer:

“Ahora tengo que repetirla y hacer más.”

O:

“Mañana haré algo mucho más difícil.”

Esto puede convertir la siguiente práctica en un castigo o una prueba.

No necesitas:

  • duplicar la distancia;
  • eliminar apoyos;
  • escoger una situación más difícil;
  • repetir hasta terminar tranquilo;
  • borrar la experiencia anterior;
  • demostrar que realmente puedes.

Primero se revisa.

Después se decide.


Tampoco necesitas abandonarlo todo

Otra reacción posible es:

“Como no salió, este recurso no es para mí.”

Una única microacción no permite concluir que M4 no pueda ser útil.

Quizá convenga:

  • repetir exactamente lo mismo;
  • reducir una dimensión;
  • cambiar el momento;
  • aclarar el final;
  • mantener el tamaño y revisar cómo respondes;
  • utilizar un apoyo previamente acordado;
  • trabajar antes otro recurso.

La decisión no se toma únicamente por haber completado o no completado.


Cinco preguntas útiles después de una dificultad

1. ¿Qué estaba exactamente acordado?

¿La acción estaba suficientemente clara?

2. ¿Qué parte llegué a realizar?

Aunque fuera pequeña, conviene describirla.

3. ¿En qué momento cambió la acción?

Antes de empezar, al aparecer miedo, ante un imprevisto o al acercarse al final.

4. ¿Qué hice en ese momento?

Por ejemplo:

  • salí automáticamente;
  • hice una pausa;
  • comprobé el cuerpo;
  • pedí ayuda;
  • ajusté la acción;
  • decidí detenerme;
  • apareció un riesgo real.

5. ¿Qué ocurrió justo después?

Por ejemplo:

  • sentí alivio;
  • me critiqué;
  • quise repetir inmediatamente;
  • pensé que no podía;
  • entendí que el paso era poco claro;
  • descubrí un apoyo que estaba utilizando.

Estas preguntas se responden después, no durante la acción.


¿Cuándo puede convenir repetir la misma microacción?

Puede tener sentido cuando:

  • estaba bien definida;
  • el tamaño parecía proporcionado;
  • la dificultad fue puntual;
  • el contexto fue adecuado;
  • la repetición ya estaba prescrita;
  • todavía puede aportar información;
  • no existen señales que requieran revisión previa.

Repetir no significa hacer exactamente lo mismo internamente.

La persona puede mantener la acción y revisar una respuesta concreta.


¿Cuándo puede convenir reducirla?

Puede ser útil cuando:

  • no se inicia repetidamente;
  • se parece a una prueba;
  • incluye demasiados cambios a la vez;
  • resulta imposible definir un principio y un final manejables;
  • se eligió para compensar;
  • la persona reconoce que era demasiado grande;
  • el psicólogo considera que una parte menor será más útil.

Reducir no significa renunciar al territorio.

Significa buscar una forma de entrar en él sin convertirlo en una hazaña.


¿Cuándo puede convenir mantener el tamaño y cambiar otra cosa?

A veces la distancia o duración no son el problema.

Puede convenir mantenerlas y modificar:

  • la instrucción;
  • el momento;
  • el lugar;
  • el modo de responder al miedo;
  • el uso de comprobaciones;
  • la función de un apoyo;
  • el final acordado.

Ejemplo:

La acción era recorrer una parada.

La persona la completó, pero comprobó continuamente el pulso.

El siguiente ajuste no tiene por qué ser recorrer menos.

Puede consistir en revisar esa comprobación.


¿Cuándo conviene hablar antes de repetir?

Habla con tu psicólogo antes de repetir cuando:

  • apareció un síntoma físico nuevo o diferente;
  • hubo riesgo, caída o accidente;
  • no sabes si existe un peligro real;
  • utilizaste medicación no pautada, alcohol u otra sustancia;
  • el malestar empeoró de forma intensa y mantenida;
  • realizaste una acción mucho mayor que la acordada;
  • sentiste que te estabas castigando;
  • tienes dudas importantes sobre la pauta;
  • así lo indica el mensaje recibido tras el registro.

El formulario ayuda a detectar estas situaciones, pero no sustituye el contacto clínico.


Un ejemplo completo

Acción acordada

Recorrer dos paradas en autobús.

Lo ocurrido

La persona subió, recorrió una parada y bajó automáticamente al notar mareo.

Conclusión apresurada

“No puedo utilizar el autobús.”

Lectura más útil

  • pudo subir;
  • recorrió una parada;
  • el mareo activó una salida automática;
  • la primera parada fue posible;
  • conviene explorar qué ocurrió justo antes de bajar;
  • todavía no sabemos si hay que reducir la distancia o trabajar la respuesta automática.

El resultado no se niega.

Se describe con más precisión.


Lo que una microacción incompleta puede enseñar

Puede mostrar:

  • que el paso necesita ajuste;
  • que la instrucción era poco clara;
  • que un apoyo tuvo demasiado peso;
  • que aparece escape automático;
  • que la anticipación fue más difícil que la acción;
  • que se pudo realizar una parte;
  • que hubo un problema real;
  • que la acción se convirtió en una prueba;
  • que se necesita otro recurso antes de continuar.

Aprender no significa buscar una conclusión positiva.

Significa obtener información que permita decidir mejor.


Idea principal

Cuando una microacción no sale como estaba prevista, no necesitas castigarla, compensarla ni convertirla en una conclusión sobre tu capacidad.

Describe qué ocurrió.

Después, junto con tu psicólogo, se decidirá si conviene mantener, repetir, ajustar o trabajar antes otro aspecto.