7.5. Qué intentos de protegerme han perdido fuerza
7.5. Qué intentos de protegerme han perdido fuerza
LENGUAJE PACIENTE
Cuando aparece el miedo, es natural intentar protegerse.
Quizá al principio necesitabas hacer muchas cosas para sentirte seguro:
- controlar la respiración;
- comprobar el pulso;
- buscar una salida;
- llevar objetos “por si acaso”;
- pedir que alguien te acompañara;
- consultar síntomas;
- evitar determinadas situaciones;
- o escapar rápidamente.
Estas respuestas tenían una intención comprensible: ayudarte a sentir menos miedo.
El problema es que algunas podían aliviarte durante unos minutos, pero mantener la idea de que sin ellas no estarías a salvo.
Protegerte puede convertirse en depender
Imagina que una persona piensa:
“Solo podré ir si llevo medicación.”
O:
“Solo podré estar tranquilo si alguien viene conmigo.”
O:
“Necesito comprobar que mi pulso está bien antes de continuar.”
Cada vez que utiliza esa medida y logra hacer la actividad, puede concluir:
“He podido porque tenía esta protección.”
Sin darse cuenta, la confianza queda colocada fuera de sí misma.
No piensa:
“He sido capaz de atravesar la situación.”
Piensa:
“He podido porque llevaba algo, porque estaba acompañado o porque comprobé.”
Por eso, reducir estas medidas puede ser una parte importante del cambio.
Perder fuerza no significa desaparecer de golpe
No esperamos que todos tus intentos de protección hayan desaparecido.
Lo importante es observar si alguno ha perdido intensidad, frecuencia o necesidad.
Por ejemplo:
- antes comprobabas diez veces y ahora una;
- antes no salías sin acompañamiento y ahora haces trayectos cortos solo;
- antes buscabas siempre una salida y ahora a veces ni lo piensas;
- antes cancelabas planes y ahora decides después de comprobar cómo evoluciona la situación;
- antes necesitabas llamar a alguien y ahora puedes esperar;
- antes escapabas de inmediato y ahora permaneces unos minutos.
Estos cambios indican que la conducta de protección ya no manda de la misma manera.
Un ejemplo
Imagina que antes una persona llevaba siempre una botella de agua porque pensaba que podía ahogarse o desmayarse.
Al principio del proceso quizá no estaba preparada para dejarla.
Más adelante empezó a salir en trayectos cortos sin comprobar constantemente si la llevaba.
Después, un día, se dio cuenta de que había salido sin ella.
La botella no era el verdadero problema.
El cambio importante fue dejar de pensar:
“Sin esto no podré.”
Algunas formas de protección que pueden haber perdido fuerza
Control del cuerpo
- revisar menos el pulso;
- dejar de observar cada sensación;
- no intentar corregir constantemente la respiración;
- tolerar mejor notar activación.
Evitación
- ir a lugares que antes rechazabas;
- aceptar planes con menos anticipación;
- dejar de organizar todo para no sentir ansiedad.
Escape
- salir menos rápidamente;
- permanecer unos minutos más;
- volver antes a la actividad después de un momento difícil.
Medidas de seguridad
- llevar menos objetos;
- sentarte donde prefieres y no siempre junto a la salida;
- depender menos de rutas de escape;
- no necesitar tener todo controlado.
Dependencia de otras personas
- pedir menos tranquilidad;
- hacer algunas cosas solo;
- no necesitar confirmación inmediata;
- aceptar que otra persona no esté siempre disponible.
Comprobaciones
- buscar menos información;
- consultar menos veces;
- dejar pasar una duda sin resolverla;
- esperar antes de comprobar.
No necesitas haber cambiado en todas estas áreas.
A veces basta con que una de ellas haya empezado a perder rigidez.
Cómo saber si una conducta ha perdido fuerza
Puedes observar varias señales:
- aparece con menos frecuencia;
- dura menos tiempo;
- ya no parece imprescindible;
- puedes posponerla;
- puedes elegir no hacerla;
- la necesitas solo en algunas situaciones;
- o, incluso haciéndola, sabes que tú también estás participando en el resultado.
La clave no es únicamente si la conducta existe.
La clave es cuánto poder tiene sobre ti.
Cuidado con sustituir una protección por otra
A veces una persona deja de hacer una comprobación, pero empieza otra.
Por ejemplo:
- deja de tomarse el pulso, pero busca síntomas en internet;
- deja de pedir ayuda a una persona, pero llama a otra;
- deja de llevar agua, pero necesita llevar medicación;
- deja de evitar un lugar, pero solo entra si tiene una salida cerca.
Esto no significa que el proceso haya fracasado.
Simplemente indica que el miedo está intentando encontrar otra manera de recuperar seguridad.
Reconocerlo permite seguir trabajando con más precisión.
La pregunta más útil
En lugar de preguntarte:
“¿He dejado completamente esta conducta?”
Prueba a preguntarte:
“¿Dependo hoy de ella igual que antes?”
Quizá todavía la utilizas algunas veces.
Pero si puedes retrasarla, reducirla o prescindir de ella en determinadas situaciones, algo ya está cambiando.
Antes de continuar
Piensa en una de las cosas que hacías para sentirte seguro.
Completa esta frase:
“Antes sentía que necesitaba…”
Después:
“Ahora, en algunas ocasiones, puedo…”
No busques una eliminación total.
Busca una reducción real de la dependencia.
Cuando un intento de protección pierde fuerza, no significa que te hayas quedado sin recursos.
Significa que estás empezando a confiar menos en la protección y más en tu capacidad para responder.
